Iglesia Adventista Hispana de Killeen

Solo un hombre puede cambiar tu vida, su nombre es Jesús.

Temperancia.

 7. Temperancia.

¿Qué es la temperancia?

La temperancia se puede definir como la abstinencia total de lo malo y el uso adecuado y con moderación de las cosas buenas en cada esfera de nuestra vida.

Dios inspiró a su Mensajera diciendo: «Dios se ha comprometido a conservar esta maquinaria humana marchando en forma saludable, si el agente humano quiere obedecer las leyes de Dios y cooperar con él».

(Consejos Sobre el Régimen Alimenticio, pág. 17)

Aquí encontramos que lo más difícil para Dios es lograr la cooperación del hombre, ya que Él no fuerza su voluntad.

La intemperancia causa la mayoría de los males de la vida: La intemperancia es la base de una buena parte de los males de la vida. Anualmente destruye a decenas de millares. No restringimos la intemperancia al empleo de bebidas alcohólicas, sino que le damos un significado más amplio que incluye la complacencia dañina de cualquier apetito o pasión.—Pacific Health Journal, abril de 1890.


Por causa de la intemperancia, algunos sacrifican una mitad, otros los dos tercios de sus facultades físicas, mentales y morales, y se hacen juguetes del enemigo.—Mensajes para los Jóvenes, 234. 

En el estudio:

La intemperancia en el estudio es una especie de intoxicación, y los que se entregan a ella, como el borracho, se apartan de la senda segura, tropiezan y caen en las tinieblas. El Señor quiere que todo alumno recuerde que el ojo debe mantenerse sincero para la gloria de Dios. No ha de agotar o malgastar sus facultades físicas y mentales procurando adquirir todo el conocimiento posible de las ciencias, sino que debe conservar la frescura y el vigor de todas ellas para dedicarse a la obra que el Señor le ha señalado: ayudar a las almas a hallar la senda de la justicia.—Consejos para los Maestros Padres y Alumnos, 311.

En el trabajo:

Las personas que se esfuerzan por realizar una gran cantidad de trabajo en un tiempo limitado y continúan trabajando cuando su mejor criterio les indica que deberían descansar, no son nunca ganadores. Viven con capital prestado, porque gastan en el presente las fuerzas vitales que necesitarán en el futuro. Y cuando quieran echar mano de la energía que gastaron tan irresponsablemente, fracasarán en su intento, porque no la hallarán. La fuerza física ha desaparecido y ya no existen las energías mentales. Entonces se dan cuenta de su pérdida, aunque no comprenden su verdadera naturaleza. Ha llegado el momento de necesidad, pero sus tuerzas vitales se han agotado. Todo el que viola las leyes de la salud, tarde o temprano, experimentará sufrimientos en mayor o menor grado. Dios ha dotado a nuestras constituciones con energías que necesitaremos en diversos períodos de nuestra vida. Pero si las agotamos imprudentemente en los excesos de nuestro trabajo el tiempo nos declarará perdedores. Nuestra utilidad disminuirá y nuestra vida misma correrá el peligro de arruinarse.
Como norma, el trabajo del día no debe extenderse hasta las horas de la noche Si se trabaja a conciencia durante todo el día, el trabajo extra que se haga en la noche constituirá una carga adicional impuesta al organismo, por la cual pagará las consecuencias. Se me ha mostrado que los que se comportan a menudo de esta manera, pierden más de lo que 99 ganan, porque agotan sus energías y trabajan a base de nervios sobreexitados. Tal vez no se percaten de consecuencias negativas inmediatas, pero con toda seguridad están menoscabando su organismo. 

En el vestir:

En todos respectos debemos vestir conforme a la higiene. “Sobre todas las cosas”, Dios quiere que tengamos salud tanto del cuerpo como del alma. Debemos colaborar con Dios para asegurar esa salud. En ambos sentidos nos beneficia la ropa saludable. 


Esta debe tener la donosura, belleza y la idoneidad de la sencillez. Cristo nos previno contra el orgullo de la vida, pero no contra su gracia y belleza natural.—El Ministerio de Curación, 220.

En el comer:

La verdadera temperancia nos enseña a no participar en absoluto de todo lo que es dañino y a consumir juiciosamente lo que es saludable. Hay pocos que comprenden como debieran todo lo que sus hábitos de vida tienen que ver con su salud, su carácter, su utilidad en este mundo y su destino eterno. El apetito siempre debiera estar subordinado a las facultades morales e intelectuales. El cuerpo debiera ser siervo de la mente, y no la mente del cuerpo.— Temperance, 138. 


Es posible comer inmoderadamente, aun sirviéndose de alimentos sanos. Por el hecho de que alguien haya descartado el uso de los artículos alimenticios perjudiciales, no significa que puede comer tanto como le plazca. El comer en exceso, no importa cuál sea la calidad de los alimentos, traba la maquinaria viviente, y así la obstaculiza en su obra.—Christian Temperance and Bible Hygiene, 51; Counsels on Health, 119 (1890). {CRA 155.4}

La intemperancia en el comer, aun tratándose de alimentos saludables, tendrá un efecto perjudicial sobre el sistema, y embotará las facultades mentales y morales.—The Signs of the Times, 1 de septiembre de 1887.{CRA 156.1}

Casi todos los miembros de la familia humana comen más que lo que su organismo necesita. Este exceso se corrompe y se convierte en una masa pútrida… Si se coloca en el estómago más alimento que el que necesita la maquinaria humana—aunque sea de naturaleza sencilla—, este excedente se convierte en una carga. El organismo hace esfuerzos desesperados para deshacerse de él, y este trabajo extra produce una sensación de fatiga. Algunos que están continuamente comiendo llaman a esta sensación de cansancio y depresión hambre, pero ella es causada por la sobrecarga de los órganos digestivos.—Carta 73a, 1896.{CRA 156.2}

La excesiva complacencia es pecado:

La excesiva complacencia en comer, beber, dormir o ver es pecado. La armoniosa y saludable acción de todas las facultades del cuerpo y de la mente da como resultado la felicidad, y mientras más elevadas y refinadas sean las facultades, más pura y sin mezcla será la felicidad.— Counsels on Diet and Foods, 44. 

Importancia de practicar la temperancia:

Tiene un poder admirable

La observancia de la temperancia y la regularidad en todas las cosas tienen un poder maravilloso. Para producir la dulzura y la serenidad de carácter que tanto contribuyen a suavizar el camino de la vida, serán de más valor que las circunstancias o las dotes naturales. Al mismo tiempo, el dominio propio así adquirido resultara ser una de las condiciones más valiosas para hacer frente con éxito a los serios deberes y las realidades que esperan a todo ser humano.—La Educación, 202. 

Una ayuda para el claro pensar

Los que desempeñan cargos de confianza deben hacer diariamente resoluciones de gran trascendencia A menudo deben pensar con rapidez, y esto sólo pueden hacerlo con éxito los que practican la estricta templanza. La mente se fortalece bajo la influencia del correcto tratamiento dado a las facultades físicas e intelectuales. Si el esfuerzo no es demasiado grande, cada nueva tarea añade nuevo vigor.—El Ministerio de Curación, 238. 

Los hábitos de templanza dan ricas recompensas

La nueva generación está rodeada con atractivos calculados para tentar el apetito. Especialmente en nuestras grandes ciudades, cada forma de complacencia se presenta en forma fácil y atrayente. Los que, como Daniel, rehúsen contaminarse, cosecharán la recompensa de sus hábitos de temperancia. Con su mayor fibra física y mayor resistencia, tienen un capital del que pueden disponer en un caso de emergencia. 


Los hábitos físicos correctos estimulan la superioridad mental. El poder intelectual, la fortaleza física y la longevidad dependen de leyes inmutables. En esto, no hay nada librado al azar o a la casualidad. El Dios de la naturaleza no intervendrá para preservar a los hombres de las consecuencias de haber violado las leyes de la naturaleza.—Christian Temperance and Bible Hygiene, 28.

Para tener salud perfecta séase sobrio en todo

Es necesaria la temperancia en todas las cosas para preservar la salud. . . . Nuestro Padre celestial envía la luz de la reforma pro salud para preservar contra los males que resultan de un apetito depravado, para que los que aman la pureza y la santidad puedan saber cómo usar con discreción las cosas buenas que él les ha provisto, y para que, ejercitando la sobriedad en la vida diaria, puedan ser santificados por la verdad.—Christian Temperance and Bible Hygiene, 52. 

 

La temperancia la debemos aplicar en todas las áreas de nuestra vida, ella nos ayudará a mantener nuestra salud física, mental así como espiritual, recuerden que Dios al crear nuestro cuerpo creó una maquinaria perfecta y al mismo tiempo nos otorgo un manual para ser bien usado, no desperdiciemos las ricas bendiciones de nuestro Padre.